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ENSAYOS


 
 
LORICA BAJO UN SOL DE BOLERO
ANTONIO “EL TUERTO MILED”, ANÉCDOTAS Y PERSONAJES 
(Texto para ser leído escuchando a los Tres Reyes, los Panchos o Johnny Albino y su Trío San Juan)

Por:
Antonio Dumett Sevilla
Escritor y poeta.


Todos los domingo al filo de la calle quinta con carrea veintitrés, bajo la gloriosa sombra de aquellos bohemios árboles de abeto y, la frescura emanada por el Caño de Aguas Prietas, se daban cita músicos, poetas, cantantes, amantes de las letras y por supuesto, amantes del bolero, paso dobles, son guajira, valses ecuatorianos y hasta sonatas griegas. Desde tempranas horas del día, llegaban religiosamente a este lugar, cuyo puerto era la casa de doña Rosina Calao viuda de Safar, los hermanos Calao. Horas antes Virgilio Tuñón el popular Villo, nieto de doña Rosinita, preparaba todo como buen anfitrión para recibir a estos insignes socios de la bohemia.
Primero, hacia su arribo Luis “Lagaña” Calao. Traía consigo una enorme botella de ron “Tres Esquinas”, luciendo su típico sombrero vueltiao y sus abarcas de cuero en suelas de llanta de Jeep, cuya marca Goodyear quedaba estampada como un sello en el suelo de la calle, dando fe de su entrada. Seguido, Gregorio (El Goyo) Calao, cuyas manos portaban una bolsa con suculenta comida como poderoso antídoto contra aquel ritual que apenas iniciaba.
La quinta de mis recuerdos, era una calle llena de jolgorio y mucha alegría. Eran épocas en las que podíamos disfrutar de aquellos chapuzones en las aguas arremolinadas que nos  proporcionaba el Caño de Aguas Prietas, para luego junto a mis amigos de barrio en las puertas de mi adolescencia, oír tocar guitarras y cantar boleros a estos prodigiosos maestros. Juraría mientras escuchaba en la distancia aquellas canciones que se trataba de uno de esos LP del famoso Trio San Juan de Johnny Albino, o de los Panchos que en aquellos momentos sonaba. Aún recorre el laberinto de mi mente un tema en especial interpretado por el Trío los Tres Reyes:

“/Que pena me da mirarte cuando te miro, que pena me das saber lo que has perdido/
/Por jugar con el amor, con el dolor pobre de mí, hoy sufres y te lamentas lo que has perdido/
Te engañaron tus amigas te extravió la mala gente
Llora mujer con dolor…”

Estos excelentes boleristas que parió Santa Cruz de Lorica, fueron fruto de la enorme influencia que durante las tres primeras décadas del S.XX desarrollaron muchos compositores cubanos. Fue mayúsculo el aporte de este género musical que tuvo repercusión en otros países como Puerto Rico, México, Venezuela y Colombia entre otros. Durante las tres décadas siguientes (40, 50 y 60) el bolero marcó un hito en la música bajosinuana y por supuesto, en los que nacieron en la resaca de esta revolución musical. Considero que a pesar de haber nacido en la desinencia del bolero, tuve la dicha y el privilegio, de ver y escuchar quizá los últimos boleristas bajosinuanos que había erigido el S.XX en nuestra comarca.

Luego de habernos zambullido infinidades de veces en las aguas del Cañito, nos sentábamos al pie de uno de los tantos árboles cascajaleros en compañía de mis amigos, rogándole a la brisa nos secara con su invisible pero helada toalla; mientras absortos caíamos ante aquel tango de Alfredo de La Pera y que popularizara Gardel: 

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos
Hondas horas de dolor.

Y aunque no quise el regreso
Siempre se vuelve al primer amor.

La vieja calle donde me cobijo
Tuya es su vida tuyo es su querer.

Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver, con la frente marchita 
Las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Que febril la mirada errante en las sombras
Te busca y te nombra.

Vivir con el alma aferrada
A un dulce recuerdo que lloro otra vez…"


Aunque sabíamos que no era Gardel el que cantaba. Extasiados escuchábamos ese tema musical emerger como ráfagas de viento por la garganta de Salim Alberto Jattin Marzan, en una versión abolerada. El Salo Jattin tuvo la dicha que algunos cantantes no han tenido; el haber sido privilegiado con una voz armoniosa y cadencial que hicieron de él, hombre, música y son cuando cantaba. 

Ligado al bolero y al juego de dominó, la bohemia en el Caribe siempre lleva un sello impreso “La mamadera de gallo”. Ésta, jamás puede faltar en una verdadera parranda. Lo que me ha llevado a creer siempre que en nuestros pueblos las lluvias que caen, mas allá de aportarles nutrientes que ayuden a las cosechas, los abona con una fuerte descarga de lo real maravilloso, permitiendo a estas tierras traer a la luz, personajes tan especiales que se pueden desenvolver en cualquier oficio que la vida le asigne, mayormente cuando de hacer reír se trata. Lorica no se quedó atrás. Como  traído por Momo el dios griego de la risa, guitarra en mano, al mejor estilo de Virulo el humorista y cantautor cubano, César José Julio Guzmán. “Cesita o Chechi” como usted quiera llamarle. Este hombre de corta estatura, nacido en Santa Cruz de Lorica el 19 de Mayo de 1936, alternó en diversas ocasiones con el Trío cartagenero “Los Bucaneros”. Sin embargo, desde entonces, no ha cesado de interpretar boleros, valses, son guajira y, de hacernos reír con sus divertidos chistes.

Aquella tarde cuando la brisa secaba nuestros cuerpos mojados, escuchamos a César referir uno de sus chistes. Tanto nos hizo reír ese día que los músculos del estómago nos dolían mucho. 

“En cierta ocasión un borracho entró en misa y se sentó al lado de un mocho de los brazos. Mientras el sacerdote daba la misa, el borracho empezó a hablar cuanta locura se le venía a la cabeza; en una de esas, el sacerdote abrió el misal y dijo: -Salmo ocho-  y el mocho respondió, ¿porqué yo nojoda? si el que está jodiendo es este tipo que está borracho, échelo a él”.

Podría afirmar y jurar que César, está hecho de risa y que su tipo sanguíneo es RH comedia positiva. 

Mientras todos aún reíamos de los chistes, arribaba Marco Oswaldo Calao Pérez. Carriel al hombro y fina camisa guayabera. Este cantor de boleros y valses, vio luz en la Venecia sinuana el 25 de abril de 1931. Interpretaba composiciones de su finado hermano Carlos Ulpiano Calao. Temas como: “Arenal barrio mío” y “Lorica”.


“Lorica poemas de amores, que un día soñó Finzenú (…)
/Tus aguas todas te bañan aunque no la quieras tú/
Son tus barrios señoriales Remolino y Cascajal
/Alegres tus otros barrios/
Sobre todo mi Arenal…


Esta magnífica composición, fue durante muchas décadas el himno de todos los loriqueros. Pero Oswaldo también cantaba temas de Atahualpa Yupanqui. De este último, “Los ejes de mi carreta”. Lo cantaba con un poderoso sentimiento se abría paso desde lo más profundo de su alma. Poseía la magia de causar admiración, hacer vibrar y poner la piel de gallina en los que le escuchaban cantar. Pues lo envolvía un manto de nostalgia, victoria y alegría como inspirado por el Espíritu Santo.


“/Porque no engraso los ejes, me llamas abandonao/
Si a mí me gusta que suenen porque los quiero engrasao”


De uno en uno, de dos en dos o de tres en tres iban llegando. Entonces hacían su aparición, venidos desde la capital del oro blanco (Cereté), los hermanos Durango, Silvio y Orison. Compositores de gran trayectoria. Solían llegar primero a la casa de Antonio “El Tuerto Milé”, en la esquina de la 5ª con 22; la que todos ellos consideraban el puerto de escala obligatorio, para luego partir hacia “LOS ABETOS” como solían llamarle al templo bohemio de sus reuniones dominicales, debido a la gran cantidad de árboles con este nombre plantados en ese lugar.

Los hermanos Durango eran poseedores de un gran sentido del humor, que ligado al de Antonio Milé y al de César Julio, constituían la llave perfecta para mantener una parranda amena. Silvio y Orison quienes habían adquirido una experiencia musical en Puerto Rico, eran excelentes boleristas e intérpretes de las canciones del trío Los Tres Reyes. Luego de una breve estancia en aquella casa esquina, se dirigían hacia los abetos. Junto a ellos marchaba Antonio Milé. Hombre recio como el cedro, de nariz prominente, lentes oscuros y sombrero de fieltro ladeado a la derecha. En su mano un grueso estuche de requinto. Unas fuertes sonrisas se hacían notorias en aquel lugar, todas las manos querían saludarle al tiempo; entonces, la parranda tomaba su punto y la jarana comenzaba. Era el virtuoso de las cuerdas, el Gallo giro como solía llamarle Alberto Jattin. 

Aun los puedo observar tras los vidrios sepia del recuerdo. A César en la segunda guitarra, a Antonio Milé punteando con su magnífico requinto el tema musical “El almanaque” del trío mexicano antes mencionado. Y por supuesto, a los hermanos Durango cantando a dos voces, mientras Jorge Jattin Vellojin “El Gordo” grababa las canciones para la posteridad en aquella enorme grabadora.

“Milé” cuyo verdadero nombre solo conocían sus familiares y amigos más cercanos ya que a raíz de la pérdida de su ojo derecho todos en Santa Cruz de Lorica lo llamaban el “Tuerto Milé” y que según Saad Behaine Ayub eran las cuerdas más prodigiosas que el Caribe colombiano había parido.

Limberto Antonio Dumett Sahér, nombre de pila de “Milé”. Nacido el 17 de abril de 1928, en el seno de una familia de inmigrantes libaneses. Fue quizá el personaje que más influyó en los intérpretes cordobeses que intentan asimilar la estética del bolero filling. Su gran sentido del humor le permitía amenizar  las reuniones bohemias con anécdotas del diario vivir, a las que le ponía mucha sazón. Como lo recordaba don José Antonio Corena Guerrero (QEPD) y, quien fuera en vida uno de sus más cercanos amigos al decir: 

“Un domingo como de costumbre, nos disponíamos a parrandear y, mientras comprábamos gallina, carne salada y hueso salado para el suculento sancocho, una mujer se acercó al expendio con la intención de comprar hueso fresco. Pero, el que había era salado. Como si fuera poco, ya se había agotado el hueso fresco de res en todo el mercado. La mujer afanada pregunta al carnicero donde conseguir hueso fresco. El carnicero le contesta que no sabe y, que dudaba mucho que a esa hora ella consiguiera algo. Cuando la mujer se disponía marcharse, Milé la llamó y le dijo: - ¿Sabe usted dónde consigue todo el hueso fresco que quiera?- La mujer afanada le pregunta ¿Dónde? – Milé le responde- ¡En la casa de las hermanas Jabib encuentra todo el hueso fresco que quiera!

Efectivamente las hermanas Jabib eran unas señoras extremadamente delgadas sostenidas por su buena  piel que se confundía con el alma.

Milé, mecánico de profesión y guitarrista de espíritu, hombre de manos toscas y rudas. Hasta el día de hoy algunos siguen haciéndose la pregunta ¿cómo un hombre de manos ordinarias, inmerso en un oficio tan pesado como la mecánica diesel, lograra ejecutar tan limpia y maravillosamente el requinto que hasta los padres entregaban a sus hijas sin óbice alguno a sus pretendientes cuando Milé les llevaba serenata?

Lo cierto es que no se tiene antecedente de guitarrista alguno en el departamento de Córdoba que pudiera tocar magistralmente como solo él lo hizo.

Este hombre de estatura promedio tuvo el mérito de debutar en escenarios con el maestro Gentil Montaña, Olimpo Cárdenas y Lucho Bowen. De ser finalista nacional por el departamento de córdoba en la Hora Philip Orquídea de Plata en la ciudad de Bogotá. De debutar en concierto con los hermanos Barrios en la emisora Miramar de la ciudad de Cartagena, con el maestro Alberto Cortez y tantos otros que según Alberto Jattin Jiménez (QEPD) no logró recordar. 

En 1982, Antonio Milé, César Julio y el cantante de boleros Alberto Jattin, crean el famoso Trío Lorica cuyas presentaciones eran toda una sensación. Fueron muchos los cantantes que debutaron en su momento con el Trío Lorica, como el inolvidable Gustavo Dumett Julio, de milimétrica medida, podría decirse que era la voz líder 4/40 a la hora de interpretar boleros. En 1985 el trío Lorica se presentó en la ciudad de Barranquilla a la inauguración de la colonia loriquera de origen árabe residente en esa ciudad, invitados por el ex senador y empresario Fuad Char. Para entonces asistieron Antonio Milé guitarra líder, César Julio segunda guitarra y Gustavo Dumett voz líder.

Otros ilustres personajes que vienen a nuestra memoria y que todos los domingos de la humanidad hacían bohemia en Santa Cruz de Lorica, bajo el ardiente y sonoro sol de bolero eran: el escritor Álvaro Otero; Álvaro Seña; el médico Monchi Saker; el farmaceuta Roberto Julio Galeano; los hermanos Puche (Antonio, Rodolfo y Darío) quienes con su acople de voces solían algunas veces acompañar al Trío Lorica. José Manuel Córdoba; el abogado Alfredo de León Carrillo; Julio Safar; Andrés Peinado; Jesús Nieve; el escritor Guillermo Valencia Salgado (el compae Goyo), el relojero Nicolás Vitola; Javier Benedetti de León; el comerciante Rafael Angulo; Rodolfo Safar, el locutor Juan Pernett (Juan chope), Silvio Sossa; el médico Carmelo Calao Pérez; el licenciado José María Córdoba; el Leovi Córdoba; el declamador y poeta Antonio Morales Austin; el profesor Martínez “El perro”; Anwar Dumett; Alberto Zarur; Roger Calao; Moctezuma; Fabio Amín Manzur; Nelson Núñez; El Papi de la Barrera y tantos otros que se nos escapan pero que también tienen su cuota con Santa Cruz de Lorica.

Los tiempos cambian. No obstante, la tristeza que hoy embarga a todas estas personas, es que haya desaparecido el estilo sano, ameno y creativo de la verdadera bohemia. Llevándose consigo a muchos de sus grandes personajes. Pero, más allá de esto, dejando en el cuarto olvidado de San Alejo del estamento cultural, a todos aquellos que un día participaron en eventos culturales y representaron a Lorica en otras latitudes; a esos que verdaderamente fueron los predecesores de lo que hoy es un Festival Cultural del Sinú, jamás y nunca se les ha homenajeado, ni siquiera una placa de reconocimiento hay para ellos. Parece que el “progreso” como un día lo manifestó el Dr. Fernando Díaz Díaz se vengó de Lorica. El tiempo verdugo social se ha encargado de borrar de la memoria de muchos loriqueros la deuda cultural que se contrajo con estos artistas. ¡Que pena que hoy muchos de nosotros, seamos espectadores en nuestra propia casa y no invitados o protagonistas!




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UNA POESÍA LLAMADA RAÚL
Por Antonio Dumett Sevilla (1) 

Nuestra región Caribe y el Valle del Sinú es un verdadero crisol en el que durante cinco siglos y algo más se han venido amalgamando formas ejemplares de convivencia, signadas por una fecunda mezcla de étnica, religiosa y cultural. Su herencia prehispánica, colonial y, las masivas inmigraciones, así como el paisaje y la biodiversidad permitieron que se produjera un gran desarrollo literario y cultural. Por ello los pueblos, las ciudades y sus espacios han jugado un papel primordial en la expresión de los valores, en la conformación de su identidad y por supuesto, en la producción literaria. Así hoy, sus aguas como el espíritu humano, emprende nuevos cauces de afirmación de la memoria en de uno de los grandes poetas colombianos. Raúl Gómez Jattin, nacido en esta heroica ciudad. Cartagena de Indias el 31 de Mayo de 1945.  Posteriormente su familia se radica en Cereté, en donde Raúl vive su infancia entre los continuos ataques de asma atendidos por su madre Lola Jattin y, la rigurosa educación clasista que le inculcó don Joaquín pablo Gómez, hombre culto y excepcional jurista de la época. Sin embargo, habiendo nacido en Cartagena, Raúl Gómez Jattin afirmaba su sinuanidad. 

 “(2) Nací en Cartagena el 31 de mayo de 1945 pero soy de Cereté (Córdoba), un pueblo en la mitad del valle del Sinú, o Chinú, como dicen los cartageneros…”
(3) […] te voy a llevar al cielo

Que es mi valle y sobre todo a mi Cereté del cielo
Un pueblo lindo con una cabellera tenue de nubes
Blancas […]”

“Yo tengo para ti mi buen amigo
Un corazón de mango del Sinú
Oloroso
Genuino
Amable y tierno […]”

Gracias a su padre, Raúl tuvo el privilegio de poder alimentarse de los cásicos, bebió de la poesía francesa que le ofrecieron los poetas malditos; del surrealismo de la primera mitad del S XX, de la generación norteamericana que le ofreció su mejor vino en Walt Whitman y por supuesto, del nadaísmo de los años 60s y 70s. Los nexos que durante su infancia, adolescencia y adultez tuvo con los libros, formaron el acervo cultural y literario que coadyuvó a avivar la flama de aquel don espiritual y creativo que había nacido con él. La poesía.

Durante el periplo de vida que le robó a la muerte, Raúl tuvo muchas facetas por las que transitó brevemente. Fue profesor de historia y geografía en un colegio de bachillerato de Cereté. Llegado el momento se traslada a Bogotá donde comienza a estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia, estudios que alterna con una de sus pasiones, el teatro. Participa como actor en varios montajes, hace adaptaciones de obras literarias que pronto se dan a conocer en la revista literaria Puesto de Combate. Sin haber terminado sus estudios de jurisprudencia, Raúl regresa a su pueblo del Valle del Sinú después de vivir ocho años en Bogotá. La poesía comienza a despertar en él. Lo conturbaba, lo asombraba, necesitaba entonces dejarla fluir. 

Este sublime arte literario de la creación poética encierra dos postulados estéticos conocidos como: “poesía pura y poesía impura”. Para algunos poetas como el epistemólogo y filósofo francés Gastón Bachelard 4 La poesía es una metafísica instantánea. En un breve poema, debe dar una visión del universo y el secreto de un alma, un ser y unos objetos, todo al mismo tiempo. Si sigue simplemente el tiempo de la vida, es menos que la vida, sólo puede ser más que la vida inmovilizando la vida, viviendo en el lugar de los hechos la dialéctica de las dichas y de las penas. Y entonces es principio de una simultaneidad esencial en que el ser más disperso, en que el ser más desunido conquista su unidad…” 

Lo que explica tácitamente el rechazo a lo cotidiano, a lo confeso, a lo prosaico y por supuesto a todos aquellos instantes históricos en la vida del ser. Lo puro puntualiza la ausencia de mezcla, el contacto entre dos diferentes cosas. Por el contrario para el Vate chileno, el nobel Pablo Neruda, la poesía es aquella “amasada con la vida…” lo impuro representaba un renovado concepto en el quehacer poético, una mirada nueva y fresca. Era la ampliación del espectro poético al mundo y sus avatares. Y es en esta línea de la poética impura con la que Gómez Jattin se da a conocer como poeta a mediados de los 80s, traía con él una dosis nadaísta y whitmaniana. Un  diluvio de versos cargados de una excepcional cualidad antiliteraria, irreverente, en algunos lo antirretórico ya antes consolidado por Luis Carlos el “Tuerto” López, que en la mayoría de los casos escandalizaba el círculo poético de entonces. Raúl trasgrede, rompe con la norma negándose a admitir un canon, por lo que su poesía se convierte en algo innovador, donde el poeta regresa a la poesía y desecha la bolsa de siglo litero-burócrata que ofrece el sistema a muchos artistas. La poesía de Gómez Jattin tiene un lenguaje extremadamente directo, en la mayoría de su obra coloquial, desprovista de ostrácicas metáforas y símiles. Lo que facilita que el lector un acercamiento a la poesía. La lectura de toda la obra de Jattin podemos encontrar repetición de temas y una cierta monotonía en el tratamiento del lenguaje. Su necesidad de afirmarse y de afirmar su libertad puede hacer que sus poemas sean a veces meras explosiones de un corazón encarcelado, que no llegan a lograr esta conmoción del lector. No obstante, es el poeta regresando a lo marginal, el ser moviéndose en lo fronterizo que le da poder para tener una mirada crítica frete a los demonios que conturban al ser. Regresa en su poesía a sus raíces caribeñas y mediterráneas. 


“El cacique Zenú
Llegaron los Gómez Fernández Morales y Torralbo
con ese Cristo muerto y amenazante e incomprensible
a cambiarnos la vida las costumbres y la muerte
¿Les iría tan mal en la tierra española que cruzaron el mar 
en sus canoas de vela a venirse a vivir para siempre con nosotros?
A mi parecer son agradables y buenos
pero su Semana Santa es nuestra época florida
y si quieren rezar que lo hagan pero que no quieran
impedirnos que vayamos hasta la ciénaga a buscar 
la hicotea la babilla y el pájaro chavarrí
Me gustan sobre todo los Gómez y los Torralbo
y entre ellos don Tomás de la Cruz Gómez
que aunque era canónigo sabía hablar y reír
Sabía de todo y mucho y no se metía en mis creencias
Desde que lo mataron por revolucionario
-el ejército español- y colocaron su cabeza
en una jaula de hierro a la orilla del río
no he hablado con nadie tan íntimamente como con él
Ojalá que su dios se haya acordado de su alma
Por mi parte yo he rogado a los míos para que cuiden
a don Tomás y lo hagan olvidar lo que sufrió”

Raúl dejo de ser él para convertirse en su poesía, aquella que surgía en las calles donde también deambuló y pernoctó. 


“EL DIOS QUE ADORA
Soy un dios en mi pueblo y mi valle
no porque me adoren sino porque yo lo hago,
porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad.
O porque voy donde sus habitantes recios a mendigar una moneda
 o una camisa y me la dan.
Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán y lo nombro en mis versos.
Porque soy solo.
Porque dormí siete meses en una mecedora
y cinco en las aceras de una ciudad.
Porque a la riqueza miro de perfil mas no con odio.
Porque amo a quien ama.
Porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula.
Porque tengo un compadre a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.
Porque no soy bueno de una manera conocida.
Porque no defendí al capital siendo abogado.
Porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie que me lava el alma.
Porque nací en mayo.
Porque sé dar una trompada al hermano ladrón.
Porque mi madre me abandonó cuando precisamente más la necesitaba.
Porque cuando estoy enfermo voy al hospital de caridad.
Porque sobre todo respeto sólo al que lo hace conmigo,
al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputado
como estos versos míos que le robo a la muerte”


Este estremecedor texto escrito en primera persona del singular (Yo), es uno de los tantos textos poéticos que prueban como el sujeto social se fue convirtiendo en el sujeto poético hasta quedar solo la poesía que se llama Raúl. No desde la comodidad, o de un escritorio o de un aula de clases, sino desde su propia experiencia de vida misma. De aquel Raúl que vivió deambulando en las calles, del Raúl que pasó varias temporadas en clínicas psiquiátricas y el que reflejó en sus textos mucho de odio y resentimiento.


“En las clínicas mentales lo peor son las monjas
mas violentas que agujas hipodérmicas
que la fiebre y la locura
la monja es una energúmena quieta.                 
En las clínicas mentales cuando lloro la monja casi ríe.
Podría decir que la monja no es mala ni es buena
simplemente odia todo lo que se mueve
todo lo que vive todo lo que palpita
todo lo que no sea su Dios muerto”


Pero también del Raúl en el que se mueve un mestizaje, dos mundos. En el que su sangre árabe tiene un puesto privilegiado. Siempre he afirmado que para conocer parte de nuestros comportamientos, costumbres, fenómenos lingüísticos, bromatológicos, religiosos, literarios, incluido el plano de lo supersticioso, sea necesario estudiar a los inmigrantes. Y Raúl Gómez Jattin lo tenía presente en su vida. Reconocía en él su otra mitad. Su otra raíz. La mediterránea, la Oriental. Aquella que aportó en su vida él un fuego milenario, la pasión por el arte y las letras. Dijo alguna vez: “ (5)Soy un poeta como Omar Khayam y el autor de las mil y una noche. Los Jattin vienen de una aldea homónima cercana a Beirut” Sin duda alguna, el siguiente poema es una prueba de reconocerse a sí mismo como un poeta sirio libanés.



“ABUELA ORIENTAL

A esa abuela ensoñada venida de Constantinopla
A esa mujer malvada que me esquilmaba el pan
A ese monstruo mitológico con un vientre crecido
como una calabaza gigante
Yo la odié en niñez
Y sin embargo vuelve en esta noche aciaga con algo de hermosura
Por algo se dice que con el tiempo uno perdona casi todo
Vuelve con sus cicatrices en el alma
de fugada de un harén
con sus “mierda” en árabe y en español
Con su soledad en esos dos idiomas
Y ese vago destello en su espalda de alta espiga de Siria”


De recordar las lecturas que le hacía su padre sobre “Las mil y una noche” y que posteriormente en su obra “Hijos del Tiempo” el poema Scherezada es el hijo que le rinde tributo a su sangre árabe.


“SCHEREZADA

Está enamorada del asesino que la obliga
noche tras noche a exprimir su memoria
de la ancestral leyenda multiforme y extensa
para salvar por un momento su indefensa vida
Y mientras cuenta y cuenta Scherezada
el Califa la besa y acaricia lujurioso
y ella tiene que seguir entreteniéndolo contando
porque el verdugo espera en cada madrugada
Está a merced de quien la oye emocionado
pero no levanta la sentencia a muerte
El artista tiene siempre un mortal enemigo
que lo extenúa en su trabajo interminable
y que cada noche lo perdona y lo ama: él mismo”


 A través de uno de sus hijos poemas se refugia en la madre, el ser  al que Raúl más amó y al que inmortalizó para la posteridad. Quizá el poema más delirante y fuerte que él haya concebido. Reúne la lucidez crítica del poeta. La expresión "más allá", marca los versos de manera contundente, y nos hace viajar a un mundo indefinible de imágenes. He aquí una Missa defunctorum, una elegía. Una carga sentimental demoledora, un tono, un ritmo y una expresión solemne.

Más allá de la noche que titila en la infancia 
 Más allá incluso de mi primer recuerdo 
 Está Lola — mi madre — frente a un escaparate 
 empolvándose el rostro y arreglándose el pelo 
 Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte 
 y está enamorada de Joaquín Pablo — mi viejo — 
No sabe que en su vientre me oculto para cuando 
 necesite su fuerte vida la fuerza de la mía 
 Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara 
 de su dolor inmenso como una puñalada 
 está Lola — la muerta — aún vibrante y viva 
 sentada en un balcón mirando los luceros 
 cuando la brisa de la ciénaga le desarregla 
 el pelo y ella se lo vuelve a peinar 
 con algo de pereza y placer concertados 
 Más allá de este instante que pasó y que no vuelve 
 estoy oculto yo en el fluir de un tiempo 
 que me lleva muy lejos y que ahora presiento 
 Más allá de este verso que me mata en secreto 
 está la vejez — la muerte — el tiempo inacabable 
 cuando los dos recuerdos: el de mi madre y el mío 
 sean sólo un recuerdo solo: este verso


De igual forma observamos en este poema un poderoso tono elevado, un ritmo marcado, grave en lo formal. Ritmo que se torna más fuerte cuando anuncia finalmente que su madre está muerta, al tiempo también de que la muerta, su madre está "vibrante y viva". Haciendo de este ritmo una sublime isotopía entre la muerte y la vida.  Aquí Raúl ya no la recupera frente a un escaparate, sino "sentada en un balcón mirando los luceros", representación mucho más evocativa y profunda. Más que inmortalizar a la madre, es un poema en donde él mismo se redime de sus muchas culpas que tantas veces abofetearon a Lola.  De manera extraordinaria, en los versos que siguen a los tres primeros, Raúl Gómez Jattin, logra utilizar un tono coloquial sin perder la cadencia, y vuelve a retomar el ritmo de los primeros en el noveno verso, con las mismas acentuaciones en las 3ª, 6ª, 10ª y 13ª sílabas, repitiendo la misma estructura. La senda transitada por Gómez Jattin fue una angosta calle con piedras de desesperanzas. Su meta “ser el mejor poeta de Colombia” y a través de su vida y experiencia la historia que es nuestro juez será quién le conceda un puesto entre las grandes letras poéticas de nuestro país. Su poesía es un revelador testimonio de la sociedad en la cual le tocó vivir. Una sociedad carcomida por los afanes, la envidia, la desidia, la avaricia. En la que hoy los siete pecados capitales quedarían en pañales. El 22 de mayo de 1997 la dama blanca y fria le sorprende en Cartagena atropellado por un bus sin que haya sido posible determinar si se trató de un accidente, un suicidio o de un asesinato. Nos lega una obra que aún se sigue estudiando. Poemas (1980), Retratos (1980-1986), Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986), Del Amor (1982-1987), Hijos del tiempo, Esplendor de la mariposa (1993), Los poetas, amor mío... (1999) -Libro póstumo-. 
El libro de la locura (2000) -Libro póstumo-.


Podríamos decir ahora que la vida introdujo en la poesía una metáfora viviente llamada Raúl Gómez Jat
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[I] Seudónimo de Yehudah Abraham Dumetz Sevilla, Poeta y escritor colombiano de origen hebreo. Miembro del Parlamento Nacional de Escritores, de la Asociación de Escritores de la Costa y de la Tertulia Literaria El Bocachico Letrado.
[II] FIORILLO, Heriberto. “Arde Raúl” Pág. 30
[III] OTALVARO SEPÚLVEDA, Rubén. “Yo Raúl” Pág.58
[IV] BACHELARD, Gastón. “Instante poético e Instante metafísico”.
[V] FIORILLO, Heriberto. “Arde Raúl” Pág. 35









 

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