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BEBER DE LA POESÍA DE INGRID ORTEZ

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Los sesenta (60) del S.XX, fue una década de revoluciones culturales y políticas que transformaron para siempre nuestra sociedad. 1963 fue un año para nunca olvidar. 
En Estados Unidos de Norteamérica asesinaban a JFK. El panorama de las letras y el arte estadounidense no era la excepción, el hacha invisible de la fatalidad tocaba la puerta de la literatura; la poesía se vestía de luto por la muerte del legendario poeta Robert Frost y,  por el suicidio a los treinta años de una de las figuras más destacadas, la escritora y poetisa Sylvia Plath

Sale la publicación del libro The Feminine Mystique (La mística de la feminidad), que analiza la vida de las mujeres estadounidenses en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se lo reconoce ampliamente por impulsar el movimiento de liberación femenina. Betty Friedan, quien hizo su debut como autora de esta obra, cofundó y dirigió la National Organization for Women (Organización Nacional para la Mujer). 
Al otro lado del continente,…

EL PÁJARO DE FUEGO

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No tiene sentido asesinarte en una tarde solitaria de cualquier agosto agonizante.
No, no lo haré.
Porque años atrás, escuché al Oráculo vaticinar tu deceso y hoy yaces marchito junto a tus flores del éxito.
Nunca fui Santo Espíritu de Dios, pero ella abandonó la palma de tu mano para cobijarse bajo la sombra de mis alas.
Cuando tú te creíste el malvado Kaschéi, solo conseguiste quedarte como el antiguo José en su decrepito taller, observando las huellas de poeta.

Hijo que nunca engendraste.

No fui Zeus transformado en lluvia de oro.

Pero me derramé sobre el nombre femenino de hermosa fertilidad, con la poiesis de mi verbo; con los miles máscaras que El Or Ein Sof me obsequió.

Solo he sido el Pájaro de Fuego que te venció, el Aeda de versos viviente, el poeta inmortal que incinera tu alma; porque escribo no con el lápiz del senil carpintero, sino con la tinta resplandeciente de mi largo plumaje.


©AD

DEL LIBRO, DESDE MI EXILIO

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Anoche, mientras tú transitabas en las líneas de voces que desde lejanas tierras venían, Penélope, más temprano que tarde salvó el hilo de mi alma que se había enredado en tu tejido de 36 lunas de hiel.
Penélope fue sutil y delicada al desatar los nudos que me ataban en el sudario mefistofélico de tu piel, e hizo de mi su túnica de nuevo amanecer.

©AD

CONTRALUZ

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Siempre hay en la botica tintura de árnica para los golpes o romero para el dolor.  Pero nunca jamás para aquella molesta sensación que vuelve lenta, discreta  al abrir un abandonado cajón, un álbum empolvado de tristes colores o una calle sin fin
extraviada en las pupilas pardas de mi triste mirada…

Volviste con martillo golpeando en mi memoria.
Como luz colándote por las grietas de mis recuerdos.
Con un retrovisor proyectando lugares donde nuestros cuerpos apagaron su deseo.
Donde por vez primera lloramos nuestra ausencia y, donde nuestras palabras
quedaron atrapadas entre los árboles que exhiben su follaje…

Perdón por todo y por nada.
Ya sabes, todo hombre carga muertos en su espalda
pero los míos ya no hieden.

Sin embargo,
hoy que tu ausencia se hace eterna,
que no hay árnica ni romero
que cure mi viejo dolor,
un contraluz en la distancia,
una mano, un adiós…

MÁSCARAS

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Hoy recibí una carta de la república más cercana a mi exilio
pero en esa orilla no veo tu aprecio tenderse como puente
por el que mis pisadas puedan transitar
deberías saber que en tu república la orilla está llena de hipócritas guijarros
allí se ha varado un odio sempiterno

en los olores mefíticos de muchas tardes muertas
y el cancerbero de tortura acrecienta en tu regazo los temores del infierno
la misma orilla en la que tu rostro se petrificó
en el mármol sórdido de un gélido buró…
donde una reina enana gobierna ese reino de barro

Dime ¿Qué harás cuando las 48 lunas dejen de brillar sobre tu rostro?

Alguien me ha dicho que usarás las máscaras que adornan tu puerta

¿Crees volver a engañar?
te olvidas que mi palabra es espada cortante
y algo más te digo…
y dónde huirás de la poesía…

ÓLEO POÉTICO

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Un día
te sorprenderé al dibujar con el óleo de mi poesía  las líneas de tu rostro, para que el mío pueda hallarse por siempre con el tuyo…

Susurraré en tu oído un “te quiero” en noches de mar mientras el tiempo me canta poemas  que sobre tu cuerpo mi pluma escribirá.

Dirán cuánto anhelo tu risa,
tu agua y tu fuego.

Tu mano en mi cara y tu dilatada pupila extraviándose en la mía…



FRENTE AL MAR

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Con el aliento contenido ante aquello que se pierde, intento  ya no escucharte demasiado.  No te niego que las mañanas transcurren  montadas en el monociclo de un estrobo haciendo malabares  y las tardes mueren con odio cuando me fisga la ansiedad.
La ausencia de tu cuerpo, el protegido de tus sueños  y la distancia erosionaron la memoria; luego al caer la noche  con mi hombro entumecido de dolor me retiro a decantar el bálsamo mortífero  de tus recuerdos… 
Pero, no te equivoques, siempre hay una mano invisible escribiéndome  una glosa que me salve del texto inexplicable de tu rostro ornado de marchita flor de Cuba.  Entonces, por un diminuto orificio van colándose las estrellas  que ahora cuelgan como medallas engalanando mi pecho, encendiendo mis ojos con fuego que incineran tu pasar de triste y abatido festejo frente al mar…