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IDENTITATEM

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Soy un poeta judío como Yehuda Amijai o Abraham Shlonsky y de la palabra profeta como mis ancestros.
Soy hijo del Valle del Jordán y la Aravá que se erigen en mi cuerpo de la tierra de Judea transformada en mis huesos.
Un poeta judío resucitado de la muerte en Egipto, Babilonia, Persia, Grecia y Roma; en los Pogroms y en la Shoah. Sus flechas, espadas, fusiles y hornos no me mataron, pero forjaron de mí una torre de inexpugnable heredad, resucitada en mí lengua tejida con el hilo hebreo del alma judía.
Como Yeshayahu Hanabí profetizo con mis letras, trazando sobre el amargo lienzo de la historia el óleo de mi esperanza, porque he sido paciente al aguardar el instante a que la desesperación callara para mostrar en mi mano este poema viviente que jamás olvida a Sión.
Pero de algo estoy seguro, allí tu nombre jamás y nunca se recordará.
® Antonio Dumetz

EN REFERENCIA A "DUALIDAD MONSTRUOSA" DE IO

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He tenido el privilegio de leer el artículo “Dualidad Monstruosa”, de la poetisa y escritora Ingrid Ortez, digna representante del Parlamento Internacional de Escritores de Colombia en el hermano país de Honduras. IO, como la conocemos en el mundo de las letras hispanoamericanas, es una poeta impura, muy diferente a aquellos cuasi poetas puros y pseudoescritores que, producen a cuatro manos pagando a través de cheques con antifaz, Whisky y coctel de camarones a algún mercenario de la gestión cultural y de las letras, con el propósito de que sus escritos sean mencionados o publicados como a menudo suele suceder, no solo acá en el Caribe colombiano, sino en muchas latitudes de este mundo.
Por el contrario, IO, es de las nuestras. Pertenece a esa clase de seres que no escribe por tiempo libre, tampoco lo hace por hobby. Mucho menos para ganarse un premio internacional. Es poeta y escritora por vocación, en la que refleja a través de sus poemas y artículos el compromiso que todo verdadero…

CONFINADO A TU MANO.

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Poema Confinado a tu mano (*) del libro "Desde mi Exilio" (2015) Antonio Dumetz

Hoy no sé qué decirte,
pero desde este exilio dejo al alcance de tu mano mi pequeño corazón.
Ese que aguardó muchas vidas muchos sueños y estaciones para un agosto decirte que te ama, sin orgullo, sin dinero ni cadenas. 
Sino sobrio, sencillo.
Con una sonrisa descubierta en mi barba.
Dejo al alcance de tu mano mi pequeño corazón, mientras el recuerdo me lleva de su mano a recorrer el relieve caucásico de tu cuerpo hasta sumergirme en el oasis de tu ser donde planto mi semilla.
Donde las líneas de tu cuerpo convergen con las mías hasta hallarse para siempre.
Donde tus besos posados en mis labios se deshacen como miel, donde tu lengua con la mía juegan a enroscarse como finas caracolas.
Dejo al alcance de tu mano mi pequeño corazón,
porque te amo sin tener un principio ni un fin
porque te amo sin egoísmos ni sombras
sin esperar un acuse de recibo espontáneo, como tu beso en octubre que…

BEBER DE LA POESÍA DE INGRID ORTEZ

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Los sesenta (60) del S.XX, fue una década de revoluciones culturales y políticas que transformaron para siempre nuestra sociedad. 1963 fue un año para nunca olvidar. 
En Estados Unidos de Norteamérica asesinaban a JFK. El panorama de las letras y el arte estadounidense no era la excepción, el hacha invisible de la fatalidad tocaba la puerta de la literatura; la poesía se vestía de luto por la muerte del legendario poeta Robert Frost y,  por el suicidio a los treinta años de una de las figuras más destacadas, la escritora y poetisa Sylvia Plath

Sale la publicación del libro The Feminine Mystique (La mística de la feminidad), que analiza la vida de las mujeres estadounidenses en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se lo reconoce ampliamente por impulsar el movimiento de liberación femenina. Betty Friedan, quien hizo su debut como autora de esta obra, cofundó y dirigió la National Organization for Women (Organización Nacional para la Mujer). 
Al otro lado del continente,…

EL PÁJARO DE FUEGO

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No tiene sentido asesinarte en una tarde solitaria de cualquier agosto agonizante.
No, no lo haré.
Porque años atrás, escuché al Oráculo vaticinar tu deceso y hoy yaces marchito junto a tus flores del éxito.
Nunca fui Santo Espíritu de Dios, pero ella abandonó la palma de tu mano para cobijarse bajo la sombra de mis alas.
Cuando tú te creíste el malvado Kaschéi, solo conseguiste quedarte como el antiguo José en su decrepito taller, observando las huellas de poeta.

Hijo que nunca engendraste.

No fui Zeus transformado en lluvia de oro.

Pero me derramé sobre el nombre femenino de hermosa fertilidad, con la poiesis de mi verbo; con los miles máscaras que El Or Ein Sof me obsequió.

Solo he sido el Pájaro de Fuego que te venció, el Aeda de versos viviente, el poeta inmortal que incinera tu alma; porque escribo no con el lápiz del senil carpintero, sino con la tinta resplandeciente de mi largo plumaje.


©AD

DEL LIBRO, DESDE MI EXILIO

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Anoche, mientras tú transitabas en las líneas de voces que desde lejanas tierras venían, Penélope, más temprano que tarde salvó el hilo de mi alma que se había enredado en tu tejido de 36 lunas de hiel.
Penélope fue sutil y delicada al desatar los nudos que me ataban en el sudario mefistofélico de tu piel, e hizo de mi su túnica de nuevo amanecer.

©AD

CONTRALUZ

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Siempre hay en la botica tintura de árnica para los golpes o romero para el dolor.  Pero nunca jamás para aquella molesta sensación que vuelve lenta, discreta  al abrir un abandonado cajón, un álbum empolvado de tristes colores o una calle sin fin
extraviada en las pupilas pardas de mi triste mirada…

Volviste con martillo golpeando en mi memoria.
Como luz colándote por las grietas de mis recuerdos.
Con un retrovisor proyectando lugares donde nuestros cuerpos apagaron su deseo.
Donde por vez primera lloramos nuestra ausencia y, donde nuestras palabras
quedaron atrapadas entre los árboles que exhiben su follaje…

Perdón por todo y por nada.
Ya sabes, todo hombre carga muertos en su espalda
pero los míos ya no hieden.

Sin embargo,
hoy que tu ausencia se hace eterna,
que no hay árnica ni romero
que cure mi viejo dolor,
un contraluz en la distancia,
una mano, un adiós…