jueves, 27 de noviembre de 2014

TIEMPO ENTRE DOS AGUAS


Abominable soledad

Cada determinado tiempo
la abominable soledad regresa a mi puerta
con sus ojos ardientes que laceran mi Ser.

Dicen que roba sin piedad mi Malaj nocturno
y que impávida asesina mis musas del bien.

Lo que nadie sabe,
es que he construido una puerta secreta
en lo profundo de mi alma
en donde me oculto de las garras
mortales de esa diosa noctámbula.

Cuando el día asome su rostro
habré arrancado de este cielo grisáceo
el ojo infame de tan cruel orfandad.








"Vuelve a menudo y tómame, en la noche, cuando mis labios y mi piel recuerdan.."

Konstantin Kavafis

Arcano

Cuando los dedos de mi memoria
auscultan las hojas escritas 
en la primavera de tu piel,
vuelves desnuda despuntando
un tiempo entre dos aguas
bajo esas noches verticales.

Al calor de la hoguera los ángeles de Alberti
acarician tus cabellos y nuestra inocencia
se fuga entre poemas, cigarros, vino y café...
Danzas sobre pinceles, óleos y lienzos
como bailarina del maestro Degas.

En tanto yo
le platico a mi silencio
arcano de tu sombra.


"Estas páginas que hablan de mí, 
probablemente leyeron mi rostro 
en aquellos bíblicos y amarillos pergaminos"

La escalera de Yaakob
Fragmento
Dumett Sevilla

EL OTOÑO DE TOÑO


Primera publicación del poeta Antonio Dumett Sevilla

"El Otoño de Toño"

“una balada en otoño,
 un canto triste de melancolía…”
Joan Manuel Serrat

Balada en Otoño

Ahora que el deseo
intermitente de tu amor
no vuela
para anidarse en el árbol de mi memoria,
soy historia olvidada en el cofre vanidoso
de tus recuerdos

ahora que te has olvidado
de mi figura,
ya no jugamos a ser los amantes
que abriga el viento nocturno
de una balada en otoño.


Hoy no te toco ni en canciones…

Mi nombre se le olvidó a tu voz,
las paredes tejedoras de engaños
atrapan tu deseo en jaulas de envidia
y retienen tu canto de ave liberta,
sólo yo perdido en tus visiones
busco liberarte,
o vivir lo de ayer en el bosque de hoy
o cargarme el cristal de tus viejos recuerdos.


El hoy es el ayer
de tu sombra.
Los fantasmas 
recorren aún los pasillos de mi ser,
pesada y lenta penumbra 
se cierne sobre mí,
inquisidor sentido de culpa 
me fustiga por doquier
y tú te ríes
¡PARANOIA!


Como un demonio enfurecido
asesino mis noches en vela,
y mi risa de domingo
se marcha tras los embrujos de
Tú sombra…
Ahora tu silueta posa sobre mí
como una yunta perfecta entre el cielo y el mar
entre la tierra y el hades.
Yo me fugo y tú creces
¡COLERA!


Sacude la sombra
el candelabro celeste
y su llama acaricia
tu cuerpo de diosa,
penetra en tu sueño
recuerdos y horas,
demonio templario agita 
tu lago
enciende la flama
azotando tu cuerpo
y humeante descargo
sobre ti mi delirio
¡SOBERBIA!

TIEMPO ENTRE DOS AGUAS

La más reciente obra literaria del poeta Antonio Dumett Sevilla:
"Tiempo entre dos aguas"

Aquí algunos de sus poemas.

 
Mi País
Quien fuera Antoine de Saint-Exupéry para volver a escribir…
O el principito al pronunciar: 
“Solo con el corazón se puede ver el bien; lo esencial es invisible para los ojos”. 
Te aseguro sin duda alguna, traería a sus letras el país que gravita en mí ser.
Un país de proscritas fronteras, donde la tristeza y el exilio sombras, arenas de prehistórica soledad.
Donde la amistad es libre del hierro que chamusca la piel.
Un país situado en el centro de mi alma. Ese, es mi país.
Allí las noches desgajan ríos con historias que narran mis sueños…
No necesito descoloridos visados ni un pasaporte general 
para refugiarme en él…
Y cada noche, como la música viajo a esa secreta región, navegando luna tras luna, para lavar mí conciencia manchada por el día canicular de la muerte, que habita en tu país…
 
 
Desde mi Exilio

Hoy recibí una carta de la república más cercana a mi exilio
pero en esa orilla no veo tu aprecio tenderse como puente 
por el que mis pisadas puedan transitar
Deberías saber que en tu república la orilla está llena de hipócritas guijarros
Allí se ha varado un odio sempiterno 
en los olores mefíticos de muchas tardes muertas 
y el cancerbero de tortura acrecienta en tu regazo los temores del infierno
la misma orilla en la que tu rostro se petrificó
en el mármol sórdido de un gélido buró…
donde una reina enana gobierna ese reino de barro
Dime ¿Qué harás cuando las 48 lunas dejen de brillar sobre tu rostro?
Alguien me ha dicho que usarás las máscaras que adornan tu puerta
¿Crees volver a engañar?
te olvidas que mi palabra es espada cortante
Y algo más te digo…
A donde huirás de la poesía…

 
 
Hipocresía
Habrás de saber Farid, el Can que creíamos amigo sincero,
que entrenado me ofrecía una copa de vino,
el mismo Can que marchó con los idus de marzo
hasta extender su macabra cortina
volvió esta mañana y lamió mis heridas…
Desde que se mudó a la casa de Maestra Intolerancia
donde recibe alimento y obedece a sus órdenes
lleva en su rostro la hipócrita máscara del odio color…
La Maestra lo ha entrenado para que en sus fauces desgarre al poeta
asesine metáforas y con su lengua distorsione el paisaje de la verdad.
Aun así Farid, cada que puede con sangre en su hocico
se acerca a lamer mis heridas
Acaso Farid: “¿Será que la amistad en el día es la asesina en la noche?”
No sabe ese mísero perro, que un pretérito destino castró su presente
y que soy único hijo, letra viviente, palabra de fuego, aeda del tiempo…
 
Memorias de un dibujo

¿En dónde se anidan los sueños?
No lo sé…
Lo único que sé,
Es que más allá de ellos, los colores del alma vuelan como eternas gaviotas.
Así quisiera frente al espejo encontrarme  con Whitman y ver crecer sobre mi barba sus hojas de hierbas.
Y que los duendes de nuevo me hablen y que la Kabbaláh dirija mis pasos.
Y aunque sigo prisionero de esta canícula sin retorno voy mirando aletear
Un nuevo horizonte que redima mis huellas
Y, esos colores del alma que se posan en mi memoria
Son los que dibujan palabras sobre el amarillo papel.


Retrato

Mientras transito por el viejo puente de la 21
Aún sin subir el vidrio de mi imaginación
Deseo quedarme colgado en el retrato blanco y negro
De mi cuadra envejecida.
Descalzo y sin pudor, gritarle al viejo teatrero del pueblo
Que un día se marchó
Lo ridículo de su espalda en los burdeles de la 13…
Que las revoluciones terminan en buró
Que el mundo es circular aunque Nietzsche ya no esté
Y que las damas de Avignon siguen
Mostrando sus piernas en nuestra sociedad
Que mientras existan poetas las palabras tendrán alma
Y aunque las polillas se coman los lienzos y el viento
Desgaste mis manos
Aún así no moriré


Peores cosas

Hay peores cosas que la muerte.
Un golpe invisible al sentimiento
O esos olores que nos transportan día tras día
Como un flashback en un film que vuelve a suscitar
Un viejo dolor…
O aquello que siempre esperas y jamás llega…

Hay peores cosas que la misma muerte,
La tenacidad semanal de unos bolsillos sin
Esperanza alguna,
El estómago que engulle vivo a sus victimas
En gritos silenciosos que una hoja en blanco
Jamás escucha,
O la respuesta que no regresa.
Hay peores cosas que la muerte,
Los gnomos que ya no me hablan
Y tus pisadas que ya no encuentro. 

Óleo Poético

 Un día te sorprenderé al dibujar con el óleo de mi poesía 
las líneas de tu rostro,
Para que el mío pueda hallarse por siempre con el tuyo…
Susurraré en tu oído un “te quiero” en noches de mar
Mientras el tiempo me canta poemas 
que sobre tu cuerpo mi pluma escribirá
Dirán cuanto anhelo tu risa, tu agua y tu fuego
Tu mano en mi cara
Y tu dilatada pupila extraviándose en la mía…

POESÍA



CONTRALUZ
“Sé que hay dolores que no curarán ni la más esperada canción”
Silvio Rodríguez.


Siempre hay en la botica tintura de árnica para los golpes o romero para el dolor. Pero nunca jamás para aquella molesta sensación que vuelve lenta, discreta al abrir un abandonado cajón, un álbum empolvado de tristes colores o una calle sin fin extraviada en las pupilas pardas de mi triste mirada…
Volviste con martillo golpeando en mi memoria. Como luz colándote por las grietas de mis recuerdos. Con un retrovisor proyectando lugares donde nuestros cuerpos apagaron su deseo. Donde por vez primera lloramos nuestra ausencia y, donde nuestras palabras quedaron atrapadas entre los árboles que exhiben su follaje…
Perdón por todo y por nada. Ya sabes, todo hombre carga muertos en su espalda pero los míos ya no hieden.
Sin embargo, hoy que tu ausencia se hace eterna, que no hay árnica ni romero que cure mi viejo dolor, un contraluz en la distancia, una mano, un adiós…






... A lo mejor había llegado el día y aún no lo sabía. En ocasiones el trabajo, el estrés y los problemas la habían mantenido distante, pero no era la distancia en sí. Entonces aquel viernes se levantó de su silla, se miró en el espejo y después de 24 lunas fue que se percató que su corazón ya no estaba. Se había mudado.



 
 

 
FUERA DE TU EMBAJADA
Anoche mi ciudad se deshizo en lo erosivo de tu palabra.
Solo mi poesía quedó incólume.
Mis pies han quedado huérfanos y, ya tus fronteras se han cerrado…
En esta mañana septembrina nuestros cuerpos ya no cantan, ni el lente de tu cámara graba mi imagen.
Tu silueta se ha perdido en las arenas de la playa o en los pliegues de las dunas.
Ahora eres piedra y yo papel.
Quizá te vas fugando en el verde mayo en la espuma del mar…
Y yo estoy de vueltas al exilio de agosto donde me hallaste…
 




Abraham

Para mis viejos amigos y hermanos de infancia
Billy Brannen Jattin
Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos.
Y Abraham Elías Jattin

Abraham,
Peregrino patriarca,
Marchaste de tu tierra y parentela un día
Y llegaste a la nuestra de cruz y de ciénaga,
Para sembrarte aquí,
De donde también sembrabas en estas huertas los cedros,
Hombres que desde el Oriente iban llegando.
Con tus pesares en árabe y español,
Soportabas con paciencia el dolor de no mirar más, “al viejo de la cabeza blanca, la corona blanca, la montaña blanca… Líbano”.


“Alsheik dzu al-ras al –abbiadz, altej  al –abbiadz, al-yabal  al –abbiadz”
¡Oh Abdallah!
Marchaste de nuevo, esta vez para no volver.
Y aún desde tu más allá,  sigues sembrando cedros que desde el Oriente van llegando.



A Nelson Rolihlahla Mandela
el diamante negro…


Prisionero 466/64 

Tu sangre  memoria color de África

te heredó la palabra, esa espada cortante que
abatió al apartheid y mutiló la mano acerada
de Robben Island, Verster y Pollsmoor… 
Madiba, longevo diamante. Ahora que has
vencido, que has amado y perdonado sin
anclas, que has mostrado al guante blanco
tu inquebrantable corazón, devuelves al
 mundo una pedrada envuelta en este grito
 de antílope que corre libre por el África
 ardiente, vistiendo el traje humano del
 mestizaje perfecto de que nadie sabe de
 quién es más roja la sangre…

  

A Mercedes Sosa voz de América…


Un pájaro extraño y cromo

Un pájaro extraño y cromo se anidó  anoche en el árbol de mi memoria y con él la noticia que me embarga de ti.

Pero no la noticia histórica, rígida, agreste que busca asir una metáfora de hálito humano para vivir. Si no aquella escrita en líneas de buenos recuerdos con rostro de poesía, palabra, libro y canción que un 9 de julio se conjugaron en raíces tucumanas para ser Tú…

Descifro ese pájaro extraño y cromo y en su extenso plumaje Yo de niño que dormita arrullado por tu voz asomada en la garganta de mi madre.

Haydee Mercedes, Marta o la Negra. Cantora con piel de América y andina cabellera. Ofreciste tu corazón como un gigante porque no eras tú una mujer, sino un continente que enfrentaba la crueldad de aquellas pardas y negras camisas que un día el tiempo escupió. E hiciste de toda la sangre esparcida canción en el viento…

Cuantas veces te asomaste temprano en la ventana de mis oídos con un –Me gustan los estudiantes; Duerme, duerme negrito; Canción con todos o El grito de la tierra-

Cuantas veces tu impetuosa melodía como un cóndor que derriba Fronteras, llegaba traída por la rosa de los vientos de Tucumán a Santa Cruz la del Sinú, para posarte en el diapasón infinito de mágicas cuerdas de aquel viejo Cedro que en casa yacía…

Madrugada levantas el vuelo Mercedes, hoy 4 de octubre en ese pájaro extraño y cromo. Pero derramas tus alas de amor en un canto de esperanza, luz y alegría vendando los huesos quebrados de esta América herida…





“A la memoria de Miriam Zenzile Makeba
 Mamá África”


Elegía a Mamá África 

Tus ojos Miriam vieron la luz de Igoli y fuiste en tus
 días mujer y canción fundida en ícono audaz
 de noches inquebrantables que vieron a África nacer.

Miriam Makeba. Mamá África, la más grande, la más
 bella. En cada escenario te seguían tradiciones
 envueltas en tus típicos trajes que asomaron
 coloridos tu tierra ancestral.
Cuando en tus brazos cantabas a Kenya y Angola,
 a Guinea y Mozambique, aparecías en la brisa
 fresca del Caribe que entraba en mi aldea besando
 el Sinú. Venías a mí, con tu cálida voz, con un
 pueblo que coreaba en tu garganta, con esa voz que
 siempre elevaste para cantarle a la paz…
En tanto yo Miriam Zenzile, ignoraba que en tus
 noches magulladas de luces, vencías las garras
 implacables del cáncer cervical y soportabas el
 embate violento del tempestuoso apartheid que un
 día derribaste sin piedad.
Porque tres décadas de exilio y algo más
no son nada con la patria a cuestas.
Pero Unkulunkulu  no se hizo esperar y Castel
 Volturno no opuso resistencia para que Intulo en
 mitad de la noche del 10 de noviembre te visitara.
Cerraste Miriam tu última página y te marchaste con
 tu enorme corazón de ébano bantú a esa ciénaga
 mítica Uhlanga de donde otra vez nacerás para
 cantar al mundo libertad.



Del libro "Tiempo entre dos aguas"


A María Sahér Banna
Mi abuela, cuyas lágrimas se secaron
De tanto llorar su tierra


Las Ceitunas de mi niñez

Cada vez que mis pisadas transitan la acera de esa carrera
“Fulgencio Lequerica Vélez”
Veo la imagen oculta de mi niñez tocando la gruesa puerta caoba
A una abuela anciana que en sus arrugas cargaba el peso de la guerra
A un padre sincronizando un motor y a unas tías tejiendo en sus
Sillas la historia de su pueblo
Al viejo aljibe guardando en su vientre las lágrimas del cielo y yo
Absorto bajo ese árbol viejo y cansado comiendo aceitunas  
que en secreto robaba
Tal vez la abuela de arrugas profundas 
nunca más vuelva a abrir la gruesa puerta caoba
Ni el sabor de las aceitunas de mi niñez sea el mismo 
bajo ese árbol viejo y cansado
Ahora cuando cruzo la nueva puerta metálica
Junto al mostrador el discurrir de una suave voz pregunta
¿Qué desea Usted Señor?...
Absorto pido aceitunas
Mientras el recuerdo de familia regresa de súbito